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Sunday, 14 April 2013

El Payaso

En un pueblo, cerca de las montañas vivía un payaso. Delgado y con una sonrisa descarada que no revelaba su edad, andaba balanceándose al escenario con un bastón rayado. Nunca se había casado, pasando su vida perfeccionando su arte. "Soy artista de la vida" diría.
Su apartamento era uno de aquellos en el centro, en la calle que en cada Semana Santa se volviera en el anfitrión de la comunidad. Desde su balcón, podía ver todo lo que pasaba en la plaza central.
"Por favor Señor, ¡hazlo para que Chiqui pueda ver!" Una colección de niños le estaban esperando. Con una pipa en su boca, el payaso los daba un espectáculo de colores con sus bolas de malabares sentado en su monociclo. Los vecinos, desde abajo, le gritaban un saludo:"¡Cómo estas hermano!"
Pero un día, los niños abajo empezaban a experimentar con unas cerillas. Todas se habían terminado en fallos y sólo con la última cerilla alcanzaban al éxito. Rápidamente, habían sacado todo el papel que tenían en sus mochilas para 'guardar' el fuego. En el ardiente sol y el sediento viento, el fuego empezaba primero a lamer el suelo, hasta que poco a poco había consumido la puerta destartalada. Los niños miraron en silente asombro, recordando su temor con los gritos de los vecinos. Ya las llamas habían desaparecido al dentro del edificio, la única pista que revelaba que todavía estaban, fue la masa nublosa de humo sucio saliendo de las ventanas arriba.
Aunque los bomberos trabajaron valientemente, y las abuelas hicieron los rezos con sus rosarios, las llamas le dejaron su marca en el cuerpo del payaso con una pierna amputada y la piel roja y despellejada de su cara. “Va a oscurecer y sentir ceñido. Pon crema para mejorarla” Le dijo el médico lamentablemente. "Sin embargo, Dios te ha dado un milagro."

El pueblo le ayudaba mudar de casa, a una en el primer piso bastante cerca a la otra. "¡Qué ricas son las flores aquí!" Dijo uno, "Pipo, ¡no olvides de darlas agua!"
Pasaban meses y ya se estaba instalando allí. Ya no podía trabajar como payaso y se sentaba mucho tiempo en su patio fumando su pipa. Los niños ya no le buscaron para entretenerse, "Mamá, tengo miedo, no quiero que me coma". Tampoco le visitaban tanto los vecinos.
Él no estaba acostumbrado a no hacer nada.
"Invéntate algo" Se empujó a sí mismo, tragando una copa.
Empezó a escribir, sus representaciones físicas convirtiéndose en representaciones de obras.
Una vez, escuchó a unos vecinos hablando de él:
"Pipo ha cambiado, ¿no lo piensas?”
"Por supuesto, hombre, se lo ha perdido todo."
De oír eso, pensó un poco, no se sintió ofendido. "Os estáis equivocando" Pensó con calma. "La única cosa que perdí fue mi fachada".

2 comments:

  1. Muy bien, pero intenta acortarlo.

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  2. la he cortado mucho, ya tiene 460 palabras.. para un microrrelato debe ser menos que cien no?

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